LA NAVIDAD DE SIEMPRE
Fecha memorable.
Entrañable. Fecha en la que los corazones humanos parecen ponerse de acuerdo y
en sintonía para la celebración, el gozo y la fiesta; para endulzarse la vida
con turrones y empaparla con champán, sidra y lo
demás...; para las luces, los regalos, el jolgorio, el buen encuentro
familiar... Fiesta, digámoslo también, en la que parece que todos queremos ser
mejores, más niños y más buenos. ¿Y todo ello envuelto
en bulla, mucha bulla...
Uno se pregunta,
¿cuántos piensan en la verdadera Navidad? ¿Cuántos saben lo que es la Navidad?
¿Por qué ríen, por qué cantan, por qué comen y beben y adornan la casa con el
Papá Noel, con árbol de Navidad y en el mejor de los casos con la bonita escena
del pesebre de Belén con Jesús, María y José? Salid y preguntad: ¿Qué es Nochebuena?...
¿Qué celebramos en Navidad?
En la sociedad que nos
toca vivir, la del consumo y el bienestar, existe una Navidad pagana o poscristiana de oropel y de cartón, vacía de sentido y sin
referencias a la fe cristiana y sus raíces y valores. Y dicen: Felicidades. (O
Feliz solsticio de invierno. Qué mal suena, ¿no?).
Se da otra Navidad de
contenido más familiar y humano. No niega las raíces cristianas. Se celebra en
la alegría familiar festiva: se encuentran, se abrazan, se olvidan cosas
pasadas y se trata de pasarlo bien y en convivencia. Lo celebran porque lo han
visto celebrar siempre así entre los suyos, en su entorno. Son quizá cristianos
culturales o sociológicos. Éstos felicitan así: Felices fiestas. (¿Qué
fiestas?).
Y se celebra también,
¡cómo no!, una Navidad clara y explícitamente cristiana, que es la nuestra: la
de quienes se esfuerzan por vivir los cristianos conscientes y convencidos.
¿Nos encontramos entre ellos? Su saludo navideño es claramente cristiano: Feliz
Navidad. O sea, feliz natividad o nacimiento de Jesús, hijo de Dios
hecho hombre, nacido de María Virgen en Belén de Judá.
¿Qué Navidad vamos a
celebrar? La Navidad de 2009 tiene que ser, por fin, nuestra querida Navidad.
La que tenemos que vivir siempre. Lo será si:
e la preparamos con
una fe ilusionada y renovada. ¡Confesemos!,
e permanecemos abiertos al Misterio: nos
detenemos sin prisas y asombrados a ver a Nuestra Señora y a José y al Niño
Jesús recién nacido, haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno,
mirándolos, contemplándolos y sirviéndoles en lo que necesiten, como si
presente me hallase..., y después reflexionar en mi interior para sacar algún
provecho (san Ignacio),
e nos comprometemos un poco más y mejor con el
Niño que nace: conocerle, amarle más, vivir con Él y como Él, anunciarle
con el testimonio gozoso de una vida coherente con la fe, el amor y la verdad, dones de Dios y por Él mismo regalados,
e tomamos conciencia de que celebramos el
cumpleaños de Jesucristo. Él tiene que estar presente en la fiesta. Lo mejor lo
trae Él. Lo nuestro es tener bien preparada la mesa del corazón con el amor,
apostando por la vida, la paz
y la fraterna
solidaridad, especial-mente los
más empobrecidos de todo. De algún modo han de estar ahí presentes.
En fin, dejémonos
contagiar por la Divinidad hecha Humanidad por nosotros y nuestra salvación. «¡Oh gran regocijo, que ya el hombre es Dios»
(Santa
Teresa). Entonces celebraremos la Navidad de siempre, la Buena y Feliz Navidad.